19.6.06

micro, mini, petit short break

llevaba algunos días queriendo escribir sobre nuestra pequeña escapada a la capital del imperio astrohúngaro, la aún todopoderosa Viena (quien tuvo, retuvo).
Viena aún conserva el romanticismo del Danubio (no precisamente azul) y de sus grandes jardines, simpre que las inclemencias meteorológicas te permitan pasear por ellos, sin más estrés que el decidir si te comerás un Bradwurst o un Wiener Schnitzel, y con la total seguridad de que acabarás en una de esos maravillosos coffee-shops de Karlplatz, tomando un expresso y un trozo de tarta Sacher.

Viena es el prototipo de capital imperial, con grandes muestras del poder que tuvo en momentos de María Teresa, igual que si paseas por el Madrid de los Austrias, o el París napoleónico. Toda una exhibición de ostentación y lujo.
La sorpresa del viaje nos la ofreció nuestra excursión de un día a Bratislava, capital de la joven república Eslovaca; un lugar donde se mezcla la calidez de su gente con la precariedad de la Europa del Este.
Con esta pequeña excursión se me despertaron las ganas de visitar el este, que sin duda alguna tiene muchas cosas que enseñarnos.

3 Comentarios:

Blogger missio27 dijo...

jo, amb lo que me va agradar aquest viatge, i ningú penja cap post... :-(

6:16 p. m.  
Blogger mateu dijo...

és collonut... quan don ronchi explica un lloc on ha estat, fa ganes d'anar-hi... és un bon relatador de puestos... grÀcies.
!!!

11:35 a. m.  
Blogger Marita Acosta dijo...

I love tarta sacher...ains!

10:54 p. m.  

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